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Rocha, tierra de aventuras
 

Frecuentador juvenil de las costas de Maldonado y Rocha, Juan Antonio Varese se compenetró
con los balnearios oceánicos primeros y con la múltiple riqueza natural y humana de ambos
departamentos, después.
En Rocha, tierra de aventuras vuelca su experiencia y estudio sobre un territorio de
características únicas: playas desiertas, humedales y lagunas fascinantes,
con una excepcional riqueza de fauna y flora.
Narra también la historia de la construcción (y la reconstrucción) de las fortalezas de
Santa Teresa y San Miguel, encontrada herencia de imperios fronterizos y el testimonio de
centros poblados como Rocha, La Paloma, La Coronilla y el Chuy.


Los episodios novelescos se alternan con aportes
documentales acerca de los sueños, quimeras y luchas que
pautaron el lento pero indetenible avance hacia la modernidad.
Seguimos el rastro de las intrépidas diligencias y los festejos por la
llegada del ferrocarril hasta desembocar en los heroicos
automovilistas que desafiaron "peludos" y devoraron trillos sin
pavimentar. La magia del paisaje y la calidez de sus habitantes,
dentro de un hábitat diferenciado, se manifiesta hoy en una
marcada orientación hacia el turismo ecológico y el respeto por la
naturaleza. Dentro de esa perspectiva el libro nos inspira y deja
planteado un desafío: que sea el paso inicial para encarar a todo el
Uruguay como tierra de aventuras...

Del Tema

Al primer navegante que desembarcó en las costas de Rocha. No sabemos su nombre, y
seguramente el anonimato cubrirá para siempre esa parte de nuestra historia. Aventuramos que pueda tratarse de un naufrago arrojado por la tempestad tras destruir con mano cruel la
embarcación de la que formaba parte y dejarlo como único sobreviviente. O tal vez haya sido un
marino que divisó, catalejo en mano, los hilos de plata que brillaban al sol y anotó la existencia
de manantiales de agua dulce. Por algo la región sería llamada, muchos años más tarde,
del Agua Dulce o, simplemente, Aguas Dulces.

A Heinrich Ottsen, el Holandés Errante, piloto del Mundo de la Plata, por haber sido el primero
en describir, en forma amena aunque inexacta la ensenada y las islas de Castillos,
vista desde el puente de su embarcación, tal cual resulta del diario
de viaje que publicó en Holanda, en el año 1603



Tierra de aventuras...


Tal vez ustedes, estimados lectores, objeten el título del libro
aduciendo que cualquier lugar del mundo puede resultar una tierra
de aventuras.
Es cierto: la aventura n depende del paraje sino del corazón del
hombre que la vive, de su actitud para encarar el medio...
Pero debemos reconocer que hay algunas regiones especiales que
son más propicias que otras para el despliegue de peripecias y
aventuras. Lugares donde la energía se acrecienta, el pulso se
acelera, el espíritu se libera y cualquiera de nosotros puede
transformarse en aventurero.
Rocha, es uno de esos lugares.


Desde los tiempos del descubrimiento hasta nuestros días
ha sido escenario de acontecimientos que merecen ser
recordados, aventuras que se viven y emociones que
se experimentan.

Los invito a pasar una noche sobre el cerro de la Buena Vista,
en la Punta del Diablo, desde la puesta del sol sobre el
Cabo Polonio hasta el amanecer en la ensenada de Castillos.
En la altura de la dunas, al abrigo de las grandes rocas, a
pocos pasos de donde el marqués de Valdelirios y el conde de
Bobadela trenzaron sus discusiones sobre donde colocar los
mojones demarcatorios entre las posesiones de España y
Portugal, allí mismo, cuando asomen las estrellas y el viento
temple su canción de siglos,
...entonces entenderán el porque del título.

 

Derechos reservados Juan Antonio Varese